El debate sobre el papel del oro en el sistema monetario no es nuevo, pero está cobrando especial relevancia en un contexto económico y geopolítico actual cada vez más marcado por la incertidumbre económica y la gradual pérdida de valor de las divisas nacionales. El Consejo Mundial del Oro ha dedicado atención a esta cuestión en un artículo firmado por Jennifer Johnson-Calari, titulado «The International Monetary System and the Canary in the Goldmine». Analicémoslo.
El oro ha mantenido su estatus como activo valioso a lo largo del tiempo, sirviendo de base para sistemas monetarios durante distintos periodos históricos. No es el caso de los sistemas monetarios actuales, basados en la omnipresente moneda fiduciaria.
La naturaleza de la moneda fiduciaria y el resurgimiento del oro
La moneda fiduciaria, como el dólar, el euro o el yen, carece de valor intrínseco: su valor reside en la confianza que los ciudadanos depositan en ella. El hecho de que no existan límites estrictos para la ampliación de la oferta monetaria hace que la moneda fiat sea vulnerable a factores como la inflación, la devaluación y las tensiones geopolíticas.
El resurgimiento del interés por el oro es patente. El precio del metal ha experimentado un notable aumento desde 2022, un fenómeno que muchos analistas interpretan como una «señal de alerta» sobre la salud del sistema monetario internacional. Este incremento no solo refleja la volatilidad de los mercados, sino también las crecientes dudas sobre la hegemonía de las divisas de reserva tradicionales; especialmente, en lo que al dólar estadounidense se refiere.
¿Veremos un dólar estadounidense entre las cuerdas?
El dólar estadounidense mantiene su posición dominante como principal moneda de reserva global, pero tiene grandes retos por delante. El motivo es que la emisión continuada de deuda pública, pulverizando récords, plantea serias dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo. Como es evidente, un endeudamiento tan elevado puede dañar la credibilidad de esta divisa.
En este contexto surge un fenómeno disruptivo que viene a enturbiar los análisis: las stablecoins (criptomonedas cuyo valor está ligado a un activo subyacente, como una divisa o una materia prima). Tether (USDT) y USD Coin (USDC) han ganado popularidad al prometer una paridad estable con el dólar. Sin embargo, una parte significativa de sus reservas se encuentra respaldada por deuda pública estadounidense, principalmente a través de bonos del Tesoro. Esta situación crea una interdependencia entre el sector de las criptomonedas y la salud fiscal de Estados Unidos. En caso de una crisis de deuda, la volatilidad en el mercado de bonos podría transmitirse directamente a las stablecoins, exacerbando el riesgo sistémico y cuestionando su propia estabilidad. Este entramado financiero, en lugar de reducir el riesgo, lo concentra y lo hace más complejo.
Diversificación de reservas y un sistema multipolar
Un indicador clave de la encrucijada en que se encuentra el dólar es el comportamiento de los bancos centrales. Tras décadas de venta de sus reservas de oro en favor de bonos soberanos, la tendencia se ha revertido con claridad. En la última década los bancos centrales de economías emergentes y, más recientemente, de países avanzados, han apostado de forma decidida por el oro. Todo apunta a que esta estrategia de diversificación responde al deseo de reducir la dependencia de una única moneda de reserva y de protegerse frente a posibles riesgos sistémicos.
¿Este cambio podría ser reflejo de una transición paulatina de un sistema monetario unipolar a uno multipolar? ¿O, incluso, una toma de posiciones para un posible regreso a sistemas monetarios con el oro como respaldo? Lo que parece indiscutible es que el oro ve fortalecido su papel como activo neutral, libre de la influencia de una política gubernamental específica y reconocido universalmente como un depósito de valor sin riesgo de contraparte.
El oro como activo estratégico
Para el inversor particular el oro siempre ha jugado el papel de «activo refugio» para proteger su patrimonio en tiempos de crisis. Su valor intrínseco, su escasez y su falta de correlación con otros activos financieros, como las acciones y los bonos, lo convierten en una herramienta eficaz para la diversificación de carteras.
Nos encontramos en un entorno de política monetaria laxa, tasas de inflación significativas y niveles de deuda crecientes. Ante estas circunstancias, el oro ofrece protección contra la pérdida de poder adquisitivo de la moneda fiduciaria. No genera ingresos pasivos, como los dividendos de las acciones o los intereses de los bonos, pero su capacidad para preservar el capital lo posiciona como un componente fundamental en cualquier estrategia de inversión a largo plazo.
Conclusión
Desde el colectivo formado por los Montes de Piedad se defiende con firmeza la necesidad de apostar por una «cultura del oro» que proteja el patrimonio de los ciudadanos en tiempos de incertidumbre.
El oro, lejos de ser una reliquia del pasado, ha demostrado ser un bien de inversión de enorme potencial; de hecho, su revalorización constante y el interés de inversores privados y bancos centrales pone de manifiesto que este metal precioso sigue siendo un barómetro fiable del pulso financiero global.
En última instancia, la creciente preocupación por la sostenibilidad de la deuda pública y la fragilidad inherente del sistema de moneda fiduciaria no hace otra cosa que reafirmar el estatus del oro como un activo estratégico que garantiza protección contra la devaluación monetaria y estabilidad a largo plazo para la construcción de un patrimonio sólido.
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